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👨👩👦🌷💞 Es muy difícil razonar, para los adultos con los adolescente, pero tenemos que tener en cuenta que es una etapa de sus vidas, que debemos guiar como padres y amigos 👨👩👦🌷💞

Cómo hablar con su hijo adolescente sin discutir



“Cuando mi hija cumplió 14 años, se hizo muy contestona. Si yo decía: ‘Es hora de comer’, me respondía: ‘Ya comeré cuando me dé hambre’. Cuando le preguntaba si ya había acabado sus tareas de la casa, me respondía: ‘¡Déjame en paz!’. A menudo nos alzábamos la voz y terminábamos a gritos.” (MAKI, JAPÓN) *

Si usted tiene un hijo adolescente, los conflictos podrían probar al máximo sus habilidades de padre..., y también su paciencia. * “Me hierve la sangre cada vez que mi hija desafía mi autoridad —dice Maria, que vive en Brasil y es madre de una joven de 14 años—. Nos frustramos tanto que terminamos gritándonos.” Carmela, de Italia, vive una situación parecida. Ella comenta: “Las discusiones con mi hijo siempre son a gritos y siempre acaban cuando él va y se encierra en su habitación”.

¿Por qué parece que a algunos adolescentes les encanta discutir? ¿Los han contagiado sus amigos? Quizás. La Biblia dice que las amistades de una persona ejercen una poderosa influencia en ella, ya sea para bien o para mal (Proverbios 13:20; 1 Corintios 15:33). Además, el entretenimiento de hoy promueve la imagen del adolescente rebelde.

Pero hay otros factores que tomar en cuenta, factores que no le serán difíciles de manejar una vez que comprenda cómo pueden afectar a su hijo. Veamos algunos de ellos.

ESTÁ APRENDIENDO A RAZONAR


El apóstol Pablo escribió: “Cuando yo era pequeñuelo, hablaba como pequeñuelo, pensaba como pequeñuelo, razonaba como pequeñuelo; pero ahora que he llegado a ser hombre, he eliminado  las cosas características de pequeñuelo” (1 Corintios 13:11). Como lo indican estas palabras, los niños piensan distinto que los adultos. ¿En qué aspectos?

Para los niños, las cosas tienden a ser o blancas o negras. En cambio, los adultos pueden captar mejor las zonas grises y analizan los asuntos más a fondo a fin de llegar a conclusiones o tomar decisiones. Por ejemplo, es más probable que analicen las implicaciones éticas de un asunto y piensen cómo afectarán a los demás sus decisiones. Aunque los adultos están acostumbrados a razonar así, los adolescentes están en el proceso de aprender.

La Biblia anima a los jóvenes a desarrollar su “capacidad de pensar” (Proverbios 1:4). De hecho, anima a todos los cristianos a hacer uso de su “facultad de raciocinio”, o sea, su capacidad de razonar (Romanos 12:1, 2; Hebreos 5:14). Sin embargo, el uso de esa capacidad podría llevar a su hijo a discutir con usted sobre los asuntos más triviales. O tal vez le exprese algo que demuestre falta de madurez (Proverbios 14:12). Si se da el caso, ¿cómo puede razonar con él sin discutir?

¿POR QUÉ NO INTENTA ESTO? Tal vez su hijo simplemente está probando su recién descubierta habilidad de razonar; es muy probable que su manera de ver la vida no se haya definido del todo. Póngalo usted a prueba. Primero felicítelo por tratar de razonar el asunto. Podría decir, por ejemplo: “Me gusta que analices las cosas, aunque no siempre estemos de acuerdo”. Luego ayúdelo a evaluar su forma de pensar. Dígale algo como: “Y eso que me acabas de decir, ¿crees que funcione siempre?”. Tal vez su hijo lo sorprenda replanteándose y refinando sus opiniones.

Pero ojo: cuando razone con su hijo, no piense que usted tiene que tener la última palabra. Aun si lo que dice parece caer en oídos sordos, es muy probable que su hijo se quede con más de lo que usted cree..., o de lo que él está dispuesto a reconocer. No se sorprenda si al cabo de unos días su hijo acepta su punto de vista o incluso afirma que la idea fue de él.

“A veces discutíamos por cualquier cosa. Por ejemplo, porque le decía que no desperdiciara las cosas, o que no molestara a su hermana. Pero en la mayoría de los casos, lo que quería era que le preguntara su opinión, que tratara de entenderlo y que le dijera algo como: ‘Así que eso es lo que pasa’, o ‘así que eso piensas’. Al mirar atrás, me doy cuenta de que si tan solo hubiera dicho algo por el estilo, nos hubiéramos ahorrado muchas peleas.” (Kenji, Japón.)

ESTÁ FORMANDO SUS CONVICCIONES


Un elemento clave de criar a un adolescente es prepararlo para el día en el que se marchará de casa y hará su propia vida (Génesis 2:24). Parte de ese proceso implica ayudarlo a formar su propia identidad, es decir, un conjunto de cualidades, opiniones y valores que distinguen a una persona de las demás. Al verse presionado a hacer lo malo, el joven que tiene una identidad bien formada piensa en las consecuencias de sus actos y se pregunta: “¿Qué clase de persona soy? ¿Cuáles son mis valores? ¿Qué haría en esta situación una persona con los mismos valores que yo?” (2 Pedro 3:11).

La Biblia habla de José, un joven que tenía identidad propia. Cuando la mujer de Potifar le insistió en que se acostara con ella, respondió: “¿Cómo podría yo cometer esta gran maldad y realmente pecar contra Dios?” (Génesis 39:9). Aunque todavía no existía una ley contra el adulterio, José pudo percibir la postura de Dios en ese tema. De hecho, al decir esas palabras (“¿Cómo podría yo...?”) demostró que pensaba como Dios, que así era él (Efesios 5:1).

De modo parecido, su hijo está desarrollando su propia identidad, lo cual es bueno, pues sus convicciones le permitirán enfrentar la presión de sus compañeros (Proverbios 1:10-15). El problema es que ese mismo sentido de identidad podría llevarlo a enfrentarse a usted.

¿POR QUÉ NO INTENTA ESTO? En vez de enredarse en una discusión, repita las palabras de su hijo: “A ver si entendí bien. ¿Estás diciendo que...?”. Y luego hágale preguntas como: “¿Por qué piensas así? ¿Qué te hizo llegar a esa conclusión?”. Anímelo a  expresar su postura. Si la diferencia se debe a una cuestión de preferencias y no de principios, demuéstrele que usted es capaz de respetar su opinión aunque no la comparta al ciento por ciento.

El desarrollo de una identidad propia —acompañada de convicciones firmes— no solo es normal sino provechoso para todo joven. La Biblia dice que los cristianos no deben ser como niños, aventados “por olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza” (Efesios 4:14). Por lo tanto, lo mejor es que usted promueva dicho desarrollo.

“Cuando mis hijas ven que estoy dispuesta a escucharlas, se sienten más inclinadas a escuchar mi opinión, incluso si es distinta a la de ellas. Además, tengo cuidado de no obligarlas a pensar como yo; más bien, dejo que formen sus propias convicciones.” (Ivana, República Checa.)
FIRME Y A LA VEZ FLEXIBLE

Al igual que los niños, los adolescentes saben cómo sacar un tema vez tras vez para que sus padres den su brazo a torcer. Si eso ocurre en su hogar, tenga cuidado. Es cierto que ceder resuelve el problema temporalmente, pero el mensaje con el que se queda el adolescente es: “Si insisto, me saldré con la mía”. ¿Hay otra opción? Sí, seguir este consejo de Jesús: “Simplemente signifique su palabra Sí, Sí, su No, No” (Mateo 5:37). Es más difícil que su hijo insista si ya sabe cómo va a reaccionar usted.

Claro, hay que ser razonable. Deje que su hijo le explique por qué cree que debería dejarlo llegar más tarde a casa en cierta ocasión. Si usted dijera que sí, no estaría cediendo a la presión; simplemente estaría siguiendo este consejo bíblico: “Llegue a ser conocido de todos los hombres lo razonables que son ustedes” (Filipenses 4:5).

¿POR QUÉ NO INTENTA ESTO? Reúna a su familia y hable del horario de llegada a casa y de otras reglas. Muéstreles a sus hijos que está dispuesto a evaluar todos los factores antes de tomar una decisión. “El adolescente debe poder ver que sus padres están dispuestos a ceder si no se viola ningún principio bíblico”, comenta Roberto, un padre de Brasil.

Obviamente, ningún padre es perfecto. Ya lo dice la Biblia: “Todos tropezamos muchas veces” (Santiago 3:2). Si le parece que una discusión se debió en parte a usted, no dude en pedir disculpas a su hijo. Admitir los errores es un ejemplo de humildad que le enseñará a su hijo a actuar de la misma manera.

“Una vez que ha pasado la tormenta y logro tranquilizarme, le pido perdón a mi hijo por haber explotado. Eso lo ayuda a él a calmarse y facilita la comunicación.” (Kenji, Japón.)
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